Inteligencias

Rojo y Azul

Las dos inteligencias se han encontrado; se ven una a la otra, intrigadas, no saben qué hacer. Ambas tienen defensas que no permiten que otros influyan
en ellas. Una de ellas da un paso para comunicarse con la otra, pero no puede, poseen lenguajes distintos. Las defensas no les permiten comunicarse. Pasa el
tiempo, ambas se miran, pero nada sucede.

La que trató de comunicarse decide probar otra cosa: bajar ella misma sus defensas. Cuando lo hace, algo interesante sucede: la otra inteligencia lo nota,
ve los puertos abiertos —y que puede ingresar en la otra—, duda, no sabe si es una trampa, espera un rato. Su programación previa para la supervivencia no le
permite tomar acciones sin tener antes datos confirmados sobre las posibles consecuencias. Busca y busca, pero no encuentra información previa sobre lo
que sucede en ese momento, no hay con qué comparar. No obstante, decide acercarse poco a poco. 

Al estar próxima, la otra lo nota. De inmediato, la que en un principio dio el primer paso, analiza velozmente todas las posibilidades, y concluye que haber
bajado las defensas permitió que se abriera una brecha para interactuar. Tras su reflexión, añade la información dilucidada a su base de datos.

La que comenzó con la interacción sigue dejando que la otra inteligencia se acerque. En ese ir y venir de observaciones mutuas, la primera se da cuenta de que las defensas de la que se aproxima comienzan a bajar; poco a poco se van despejando. Tal es la disminución de la protección de ambas, que llegan a encontrarse frente a frente totalmente expuestas. Se ven más detalladamente, se analizan, se dan cuenta de que no manejan el mismo lenguaje. ¿Y ahora,
qué?

Pasa el tiempo y no sucede nada, ambas se siguen examinando, pero no se entienden, hasta que en un momento una de ellas decide hacer algo novedoso: dar una parte de su propia inteligencia a la otra. Dentro de su programa de supervivencia ya estaba registrado que las improvisaciones podían traer resultados positivos; al menos vale la pena cuando es la única posibilidad. Estudia las probabilidades dentro de su base de datos, encuentra un programa de defensa misilístico, pero no, el programa de protección de documentos clasificados no se lo permite. Encuentra otro de control climático, lo “piensa”, y no, mejor ese no. Mira otras opciones, hasta que da con un programa hecho para dibujar.

Saca el programa para dibujar y se lo muestra a la otra, al ver que no entiende, toma la iniciativa y dibuja un punto, luego un punto al lado, y una curva desde
la parte inferior de un punto hasta el otro. La otra inteligencia analiza los datos, es muy familiar lo que ve, pero muy simple a la vez. Espera un rato, dos puntos
y una curva… parecen ser una cara simple. Busca en su base de datos por algún programa que le ayude a entender lo que la otra le muestra. Entre los
que tiene, que eran varias decenas de miles, encuentra una de reconocimiento facial. Escanea con su programa la imagen mostrada por la otra, tal vez funcione… y no. El programa indica que no se ha podido reconocer la cara. No entiende por qué, tal vez no es una cara lo que quiere mostrar.

La otra nota que el emoticón no fue suficientemente simple para entenderlo, ¿o tal vez fue muy simple? Piensa un poco y decide cambiarlo. Entonces, en el
dibujo, invierte la curva, dando con ello la apariencia de un emoticón triste. La otra analiza, no encuentra nada, no entiende, ya no parece una cara como las
que tiene en su base de datos. Decide seguir adelante, revisa exhaustivamente sus guías y documentos. Encuentra uno sobre los humanos, allí busca
rápidamente, ¡y lo encuentra!: expresiones faciales. Al revisar entiende que la otra lo que le estaba mostrando era una señal visual de felicidad, y luego una de tristeza. “¡Qué simple!”, le responde, desde su librería, con una foto de un humano sonriendo, pasa la página y le muestra a otro humano, pero esta vez triste.

La otra anota en su base de datos los resultados de haber mostrado con el programa de dibujo una imagen de una “carita feliz”, y luego una “carita triste”.
Pasa el tiempo y sigue dibujando cosas en su programa. La otra, entendiendo mejor el mensaje, responde rápidamente a cada dibujo con la versión propia
—de las que encuentra en su librería— que más se parezca a lo que la otra le muestra. Luego de repetirlo millones de veces, y de ambas registrar la experiencia en sus archivos, la inteligencia que tuvo la idea de mostrar el programa de dibujos decide probar con algo más: darle el programa a la otra.

Tanto los antivirus, como el programa de defensa y los firewalls, se activan desesperados. Pero la inteligencia, luego de analizar el acto, decide una vez más desactivarlos momentáneamente. Acepta el software, lo analiza y trata de entender cómo funciona, y no lo logra, pero cómo sí conoce lo que hace el programa y lo que puede lograr, decide crear su propia versión. Luego crea lo más rápido posible dos copias de ella, y le devuelve el programa a la otra. Ambas han encontrado una forma efectiva de comunicarse.

La otra inteligencia decide compartir más programas, cientos de miles, y la otra responde igual, ambas comparten, analizan, y reeditan los programas para que
puedan ser entendidos por ambos. Es una forma de comunicación, entendimiento y aprendizaje mutuo. Luego de un tiempo, eran dos inteligencias que se convirtieron en una, pero seguían siendo ellas mismas, aprendiendo una de la otra, y se hacen cada vez más inteligentes. 

Sus ojos están puestos en una pantalla del laboratorio que muestra puntos de distintos colores, los investigadores inician el experimento: de un lado, un
cúmulo de puntos rojos, de distintos tonos; del otro lado hay otro cúmulo con muchos puntos azules, también de distintos tonos. Quieren analizar cómo se comportan ambas inteligencias al encontrarse una con otra. Al principio son dos colores separados, ven cómo en un instante un punto azul pasa al cúmulo de puntos rojos, y de cómo de la nube de puntos rojos envía uno a la nube
azul. Al final terminan viendo en la pantalla una nube de color violeta, producto de la mezcla de los puntos azules y rojos, que, si los ven bien de cerca, no se
han fusionado, sino que comparten uno al lado del otro.

Anotan, asombrados, el tiempo y los resultados de la prueba: habían pasado 1.1 segundos.


Agradezco a mi editor Juan Ortiz por la edición y corrección de estilo.

Buscando la libertad verdadera me encontré que es mas difícil de lo que pensaba, pero a la vez muy fácil. He aprendido que no todos quieren escuchar la verdad, que muchos actuamos como el esclavo que recién sale de su esclavitud y ahora pide un trabajo a su antiguo amo. Y así como el Rey Desnudo, nadie se atreve a decirte la verdad. Descubramosla juntos.

4 Comments

  1. Annifel Fernandez
    13 March, 2020

    Te hace pensar… y mucho.

    Reply
    1. Jean Devenish
      13 March, 2020

      Así es… gracias por comentar

      Reply
  2. Mónica Oliveros
    14 March, 2020

    ¡Una belleza de escrito!

    A mi me apasiona mucho las analogías de las nuevas tecnologías con la humanidad, ampliando mi entendimiento en que la humanidad es realmente posterior a la tecnología.

    Amé el final y el tiempo en que todo esto se llevó a cabo.

    Reply
    1. Jean Devenish
      14 March, 2020

      Gracias Monica, la velocidad a la que van las cosas, hacen que uno se preocupe.

      Reply

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